Alimentación y sentimientos.

¿Sabemos porque cuando estamos tristes comemos más?Comer por causas emocionales consiste en usar los alimentos como una manera de afrontar las emociones en lugar de como una manera de calmar el hambre. Todos en algún momento hemos pasado por esto mientras estamos aburridos, estresados, tristes, etc.
La mayoría de las personas no establece una conexión entre el comer y las emociones. Pero entender qué desencadena la conducta de comer emocionalmente puede ayudar a seguir los pasos necesarios para dejar de hacerlo.

Es muy común que ante una situación de estrés recurramos a la comida como vía de escape, a esto se le conoce como emotional eating y de acuerdo con los especialistas en el tema, si esto se hace de manera frecuente podría significar una relación poco saludable con la comida. La hipótesis principal, según un estudio de la University College de Londres, se concluyo que el ambiente familiar es la causa principal de este apetito emocional.

No se hereda, se aprende.

Las personas pueden aprender a comer por causas emocionales, como ejemplo: un niño a quien le dan un paquete de galletas después de obtener un logro puede crecer utilizando comida poco saludable como recompensa por hacer algo bien. Un niño a quien le dan dulces para que deje de llorar puede aprender a asociar los dulces con el consuelo.

Recurrir a la comida, especialmente tratándose de comida chatarra o poco saludable, como vía de escape únicamente indica que hay una relación poco saludable con la comida, la doctora Clare Llewellyn señala que “algunos padres en lugar de encontrar estrategias mas positivas para regular las emociones de sus hijos utilizan comida”
“Una tendencia a querer comer más en respuesta a emociones negativas podría ser un factor de riesgo para el desarrollo de enfermedades”

Por otro lado, “el comer de más o de menos por motivos emocionales podría jugar un papel potencialmente importante en el desarrollo de trastornos alimenticios como la anorexia nerviosa o la bulimia”.

No es fácil desaprender el patrón de comer por causas emocionales, sin embrago es posible.

Una cultura familiar.

A pesar de no tener un origen genético, el patrón de usar la comida como consuelo, premio o para controlar el comportamiento de los niños, si es una acción que puede persistir en las familias y pasar de generación en generación.
Usar la comida como consuelo no funciona como estrategia, en el largo plazo puede desencadenar enfermedades, lo que se recomienda es hablar abiertamente con los niños sobre cómo se sienten, pero varía en función de su edad.

Como adultos, ¿Cómo actuar frente al “apetito emocional?

Es importante reconocer y separar las emociones de lo que se come, se sugiere plantearse preguntas como:
¿De verdad tengo hambre o solo quiero cambiar cómo me siento?
¿Qué emociones te están llevando a comer más de lo que necesitas?
¿Qué te hace sentir más fuerte o más débil?
¿Cuánto tiempo hace que tienes estos sentimientos?

El hacerse este tipo de preguntas puede ayudar a identificar emociones conflictivas, controlarlas, evitar desencadenantes y optar por hábitos más saludables.