Ante poco padre: Mucho Bullying

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Por: Trixia Valle

Todo el mundo habla de las madres cuando se trata de culpar a los hijos. Hasta te pueden mentar la madre para insultarte o decirte “¡qué poca madre!” para insinuar que no tienes consciencia… ¡Ah! Pero del padre, ni quien hable, ni quien insulte, ni quien mencione, ni quien se acuerde. Socialmente, todo acaba siendo culpa de la madre: si se porta mal, si no está educado, si es un pelado y obvio si hace bullying (asunto de suma importancia en nuestra era).

¿Y el padre?, ¡bien gracias! Se fue por unos cigarros hace 10 años y hasta la fecha lo estamos esperando; se fue a buscar fortuna “al otro lado” y ahora la encontró de tal forma que hasta tiene su otra familia allá; nos divorciamos y él murió porque nunca volvimos a saber de él; nunca aceptó que era su hijo; trabaja como loco y cuando llega prende la tele y ni nos “pela”; es alcohólico y vive para sus cantinas; nos da una miserable pensión desde el divorcio y él vive como rey, pero como ve a sus hijos se considera un padre “bien padre”; ha vivido en su egoísmo por tantos años que se ha olvidado de ser padre…

Estas son algunas de las respuestas que se darán a la pregunta sobre el paradero o rol del padre y yo diría: “¡pues qué poco padre!”. ¡Qué poco padre hay en México que 6 de cada 10 mujeres están cuidando, atendiendo, manteniendo, haciéndose cargo, vigilando, asistiendo, desviviendo por sus hijos, mientras el papá en shalalalalalala… ni dónde encontrarlo! Y lo relevante del tema es que ante poco padre mucho bullying. ¿Por qué? Porque el tener poco padre deja una profunda herida en la vida que nada puede reemplazar. El padre esencialmente nutre la seguridad, la firmeza y el respeto en la vida, esta parte aunque el niño o joven la puede conseguir por su lado, idealmente la da el padre con su presencia y su apoyo incondicional que te deja con la certeza que “él te cachará y te respaldará pase lo que pase”.

Hoy millones de niños y jóvenes en nuestro país carecen de padre, carecen de su amor, de su presencia, de su cariño, de su apoyo, de su firmeza, de esa chispa que te hace seguir adelante porque tu padre está ahí. Saber que tu padre cree en ti, puede resultar el motor más grande para vencer cualquier adversidad y saber que no hay temor que no puedas vencer porque sus ojos y su fe están puestas en ti. También sabes que debes respetar porque si te pasas, su firmeza te hará entender en el lío que te has metido y así se mantiene el orden. ¡Necesitamos a los padres de regreso! Es demasiado lo que hacen por el mundo como para que hoy hieran a las familias, se alejen, abandonen, desistan, sean cobardes, sean egoístas, eludan, destruyan y renuncien, así nada más, a un ser humano que suplica o grita: ¡que necesita a su papá!

Tú que tienes el don de ser padre, no hieras a tus hijos con tu egoísmo, ellos te necesitan más que nunca, nuestros niños están descontrolados, desbocados, bulleadores, enojados, infelices, destructivos, alcoholizándose, drogandose, peleando, destruyendo a otros o a sí mismos, porque necesitan los límites amorosos que dan la seguridad del sendero recorrido o la corrección para volver al camino, que sólo un padre te puede dar, nutrir y abrazar con el corazón para saber que la fe en un día mejor está por llegar.