“La cercanía del padre, favorable para el desarrollo del niño”

Por Kimberly Taylor Aguilar

Como ya sabemos, la proximidad física y afectiva del padre es beneficiosa para el desarrollo del niño, y aunque no  haya necesidad de afirmarlo científicamente para confirmar esto, es atractivo conocer las investigaciones que surgen sobre el tema.

Durante mucho tiempo el padre estereotipo llega a casa después de un largo día en el trabajo para encontrar la cena en la mesa, a los niños limpios y tranquilos y su periódico en su silla. Papá era el jefe y el disciplinario de la familia y mamá era la persona a quién acudir. Pero las cosas han cambiado en los últimos 20 años, de acuerdo con una investigación realizada por ChildWelfare muestra que el papel del padre dentro de la familia tiene un efecto mucho más importante dentro del desarrollo y bienestar de sus hijos del que pensábamos.

Otro estudio realizado por parte de la universidad Concordia, en Canadá, afirma que los papas que participan proactivamente en la crianza de sus hijos… ¡pueden ayudar a que éstos sean más inteligentes y tengan un mejor comportamiento!

Es evidente la importancia que existe en el apego materno durante la infancia, pero al igual que el de la madre, el apego del padre juega un papel muy importante, pues de acuerdo con los autores del estudio, independientemente que si los niños vivían con sus padre o no, en comparación con otros niños con padres ausentes, los niños de padres activos dentro de la crianza tuvieron durante su infancia temprana y media menos problemas de comportamiento y una mayor capacidad intelectual. Es decir, los niños que han crecido sin esa presencia paterna son más propensos a desarrollar conflictos emocionales que los llevarán a una mala conducta.

Sin embargo, no quiere decir que aquellos niños que crecieron sin su padre desarrollen problemas graves. Como lo menciona la coautora del estudio, “aunque nuestro estudio examinó el importante papel de los padres en el desarrollo de sus hijos, a los niños sin la presencia de padres no les va necesariamente mal”.

También señalan que las niñas parecen ser las más afectadas por la ausencia paterna. Las niñas cuyos padres habían estado ausentes durante la mitad de su infancia tenían niveles notablemente más altos de problemas emocionales en la escuela que las niñas que si habían tenido a su padre presente.

Hoy en día, hay muchos hogares en los que los padres biológicos no están presentes y el cuidado de la madre y demás familiares y amigos son alternativas perfectamente efectivas para criar un niño sano en todos los aspectos. Pero lo cierto es que la cercanía del padre durante la infancia, al compartir horas de juegos, brindar apoyo emocional, fomentar la autoestima y la disciplina, es enormemente beneficiosa para el desarrollo del niño. Tanto como la madre y padre representan dos puntos fijos e importantes para el niño, pero también son dos puntos emotivos que se encuentran en constante “movimiento”.

El completo desarrollo del niño se produce en el interior del espacio, sobre todo afectivo-emotivo, que los padres definen desde el segundo año de vida, la sombra lanzada por el padre toma progresivamente consistencia para el niño, haciéndose realidad. La edad comprendida entre el segundo y el tercer año de vida es una verdadera adolescencia en miniatura. Es en esta mini-adolescencia donde ocurren todos los cambios experimentados por el niño, es por eso que es en esta fase donde se produce el “encuentro” con el padre. No por casualidad, ésta es la edad de los caprichos, de las protestas, y donde se evidencian los primeros síntomas de muchas psicopatologías infantiles (Ammaniti, 2001).

El niño adquiere el sentido, el sentir de hijo, cuando advierte el amor del padre. La obediencia y  disciplina gobiernan la relación con el padre, mientras que el halago del padre está en la base del desarrollo del sentimiento moral, es decir, en el sentimiento que regula y mantiene la conducta del hijo dentro de los límites.

El papel de un padre en la disciplina de sus hijos no se debe subestimar. Estar ahí para apoyar a mamá y compartir responsabilidades puede hacer que la disciplina sea más sencilla, menos frustrante y… ¡más positiva para todos los integrantes de la familia!

Referencias:

Vicente Castro, F.:(1997) Contexto Social del desarrollo: Introducción a la Psicología del desarrollo en la edad Infantil Volumen 1 Edita Psicoex Badajoz 1997

Pedersen F.A. (a cura di), Father’s transitions to parenthood. New York, Erlbaum. Cronenwett, L.R. (1982), “Father partecipation in child care: a critical review”. In Research in Nursing and Health, 5, 63-72.

Lamb, M.E. (1977), “Father-infant and mother-infant interactions in the first year of life”. In Child Development, 48, 167-181.

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